El mundo ha sido testigo de las grandes protestas (pacíficas y no tan pacíficas) que han explotado en Kazajistán a principios de año por el alza de combustibles. Hemos presenciado, como su actual presidente, Kassym-Jomart Tokáyev, ordenó disparar a matar “sin previo aviso” a los manifestantes; junto con el ingreso de las tropas de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), principalmente encabezadas por Rusia con 5000 soldados de “paz” (eso sí, a pedido de gobierno de Kazajistán). Cientos de muertos, miles de heridos y detenidos. Pero, ¿Qué es lo que realmente sucede en este país ex soviético del Asia central, el cual, casi nunca es merecedor de un titular en los periódicos?
De este lado del charco, podemos identificar una
predominante posición “conspiranoica”: los Estados Unidos, máxima expresión del
Imperialismo, intenta desestabilizar la zona de influencia de Rusia. Los
agentes del imperialismo yanqui, estarían entonces agitando a la población, e
incluso, armando células terroristas para derrocar a Tokáyev e imponer un
gobierno pro estadounidense. Esta posición, no me parece extraña. Es más, tiene
hasta sentido. El imperialismo Yanqui ciertamente hizo lo mismo en Libia, Siria
y Ucrania; afectando los intereses de la Rusia de Vladimir Putin. La noticia de
dos policías decapitados ha sido presentada por el gobierno como la prueba que
los manifestantes son nada más que terroristas financiados desde el exterior.
Los encabezados de la prensa internacional, los cuales culpan a Rusia de
controlar e invadir al país, elevan nuestras sospechas. Por último, Kazajistán,
afirman los partidarios de esta teoría, es de vital importancia para Rusia y
China, debido a las grandes inversiones que ambos países mantienen; en conjunto
con las grandes reservas de petróleo, metales y uranio. Cabe añadir una
coincidencia: los sucesos en Kazajistán han podido dar un respiro a Ucrania y a
los EEUU, tras la escalada peligrosa con Rusia por el rearme de los rusos en la
frontera con Ucrania y la “inminente” invasión de esta última.
Sin embargo, para descubrir la verdad tras los hechos y
contrastar si esta teoría es cierta, debemos realizar un análisis económico, y
por lo tanto de clase; el método predilecto de nuestro Amauta José Carlos
Mariátegui. Cabe aclarar que será un breve análisis. Para empezar, Kazajistán
después de la disolución de la URSS se ha convertido en un país capitalista
primario exportador a base de reformas liberales de la mano de Nursultán
Nazarbáyev, ex presidente de Kazajistán de 1991 al 2019. No es un país
socialista, ni si quiera llega al membrete de socialdemócrata o de “gobierno
alternativo” (el partido comunista está prohibido y se hace apología a
colaboradores nazi fascistas de la 2da Guerra Mundial), por lo que tener alguna
simpatía por el modelo kazako, está demás; y menos aun cuando el creador de
este modelo es un oligarca que construyó estatuas de él mismo, vendió al país a
capitales extranjeros y gobernó sin oposición durante 30 años. Es cierto que
Kazajistán es un aliado económico de Rusia y China. ¡Pero también lo es de los
EEUU! Esas reservas de combustible y petróleo están en manos de capitales estadounidenses.
La gran Tengizchevroil está controlada por las americanas Exxon Mobil y
Chevron. ArcelorMittal, el mayor productor de la siderurgia a nivel mundial,
acapara la producción de acero. Desde un punto de vista económico, la
desestabilización del país por parte del imperialismo se me es ilógica. A nivel
geopolítico la cosa no varía mucho: Kazajistán siempre mantuvo relaciones
amistosas con el Imperio Yanqui. Es más, envió suministros a las tropas
estadounidenses en su invasión a Afganistán. Sin embargo, de demostrarse que
los EEUU están detrás de la desestabilización de Kazajistán, es nuestro deber
denunciar y rechazar de manera categórica esta intromisión imperialista.
Me parece sorprendente, que se subestime mucho al
proletariado kazako. ¡Como si cualquier acción organizada significase un
complot yanqui! ¡Más crédito a la clase trabajadora! Esta ya se manifestó en
repetidas ocasiones en 30 años de dictadura del capital. Por ejemplo, una
huelga de 2011 en Zhanaozen provocó la muerte de 14 obreros petroleros. Si bien
Kazajistán, ha tenido uno de los mejores crecimientos económicos entre los
países ex soviéticos, los derechos sociales son escasos, reina el desempleo y
los que hay (en su mayoría ligados al sector petróleo, siderurgia o servicios)
son de una paga baja. Hay que sumar esto el ambiente político autoritario y la
inflación de alimentos que repuntó a finales del 2021. Los despidos aumentaron.
En Tengizchevroil se despidieron a 40 mil obreros.
El alza del precio del combustible derramó el vaso. El 3 de
enero la región de Mangystau se declaró en huelga. La clase trabajadora de la
petrolera Tengizchevroil se unió a la medida el día 4. Ese mismo día, los
trabajadores mineros de la ArcelorMittal Temirtau y Kazakhmys se unieron a la
causa. Las protestas se expandieron a en Atyrau, Uralsk, Aktobe, Kyzyl-Orda,
Taraz, Taldykorgan, Turkestan, Shymkent, Ekibastuz. Finalmente, Almaty, la
ciudad kazaka más poblada, se preñó de protestas contra el régimen. El
proletariado empezó a organizarse en comités y consejos de coordinación
política. Es cierto, todo este movimiento es espontáneo y se fue organizando en
la marcha, pero no hay que desmerecer el esfuerzo de la clase trabajadora
kazaka en luchar contra el capital. Estas son sus exigencias:
1. La renuncia de Tokáyev y los allegados del ex presidente
Nazarbáyev
2. Restauración de derechos políticos como la libertad de
conformación de partidos políticos y sindicatos sin ninguna represión política
3. Liberación de los miles de protestantes detenidos
4. Nacionalización de la gran industria petrolera y minera
(¡Exigencia del proletariado kazako desde hace años!)
5. Aumento general de los sueldos
Por lo poco el gobierno bajó el precio del combustible,
destituyó a su gabinete y a Nazarbáyev, quien presidia el Consejo de Seguridad.
Más allá de eso Tokáyev, se ha limitado a criminalizar la protesta y solicitar
una intervención militar extranjera para reprimirla. No queda clara la
situación del ex presidente Nazarbáyev: si sigue gobernando tras la sombra o si
fue apartado del poder. Ante esta situación, nosotros los marxistas, debemos
solidarízanos con el proletariado de Kazajistán y oponerse a cualquier
intervención militar extranjera, ya sea de la OTSC o de los yanquis. Tomar una
posición anti-imperialista; y esto implica rechazar la política imperialista de
los EEUU, de Rusia y de China. América Latina tiene una tradición de
anti-imperialismo yanqui (y con mucha razón), pero se suele romantizar al
imperialismo ruso o chino. Ninguno de estas potencias es aliado del proletariado.
El derecho a la autodeterminación de los pueblos debe prevalecer. Añadiría la
exigencia que se restituya de manera legal al Partido Comunista.
