En los últimos días, el libro del periodista Christopher Acosta, “Plata Como Cancha”, ha dado mucho de qué hablar, principalmente, por el fallo del Poder Judicial que da la razón a Cesar Acuña por la demanda de difamación puesta contra el periodista. Sin embargo, más allá de que todos los hechos imputados en el libro no puedan ser demostrados legalmente, por mucho que sea un secreto a voces, y que en ocasiones se trate de embellecer a la SUNEDU como la redentora de la educación universitaria. El texto resulta interesante para ejemplificar como se ha dado el ascenso de ese sector de la Burguesía Media1 o también llamada “Emergente” (aunque ese no haya sido el objetivo del autor), misma que en competición con la Burguesía Intermediaria o Financiera han protagonizado con sus representantes políticos las mayores crisis políticas de los últimos años.
Como Acosta lo narra, Acuña pertenece a ese sector de
empresarios que emergieron a finales de los 80 y mediados de los 90, cuando la
crisis y la burocratización elefantiásica del Estado hacían que este se vea
impedido de cubrir todos los derechos, dando el pretexto perfecto para que el
capital privado los llegue a brindar. La Dictadura de los 90 concretó tal
proceso dando las disposiciones legales para que derechos como la salud,
pensiones, y en especial, la educación, se vuelvan servicios del cual lucrar
(Constitución de 1993, Decreto 739, Decreto 882). Si tal apertura al capital
privado permitió que la burguesía financiera se terminara de consolidar
(Rodríguez Pastor, Brescia, Romero, etc.), también abrió paso a que esa nueva
burguesía emergente (Acuña, Ramírez, Luna Gálvez, etc.) acumulara más riqueza y
se preparara para disputar el poder político más adelante.
Indudablemente Acosta no adentra en el carácter de clase de
Acuña, su formación liberal se lo impide, solo brinda información de su desenvolvimiento
empresarial y político. Por lo que el análisis de este desenvolvimiento nos
corresponde a nosotros. Un ascenso meteórico que en lo empresarial se traduce
tan solo en lo educativo, en más de tres universidades privadas, la principal,
Universidad Cesar Vallejo (UCV), que asciende a un valor mínimo de 1619
millones de soles. Y como todo representante de una clase en ascenso que
alcanza una madurez, ha buscado salvaguardar sus intereses mediante la
participación política. Ahí, Acuña fue pionero con respecto a su clase
emergente, no solo en participar sino en organizar su propia organización
partidaria para resguardar e incrementar lo que había ganado, principalmente,
en la educación.
En todo ese transcurso, casi veinte años pasó de que se
liberara el sector educativo para hacerlo fuente de lucro, mismo en el que
fueron múltiples los capitales que lucraron con “el mito del progreso” que nos
vendió la burguesía. Sin embargo, para el 2014 la consolidación del capital
monopólico u oligopólico (de la burguesía financiera) en dicho sector impulsará
la Ley Universitaria 30220 que a través de la SUNEDU buscará desplazar a la
competencia. Los efectos nefastos de la Ley para los estudiantes han sido
analizados en múltiples ocasiones en este espacio desde su promulgación, así
como la salida que deben tomar los estudiantes, por lo que ahora no
adentraremos en ello; pero sí mencionar que la Ley desde un inicio y bajo el
discurso de la “calidad” buscaba seguir desarrollando ese modelo de educación
privada y antidemocrática que el fujimorato implantó en los 90, aun cuando el
sector de la burguesía que emergió bajo su amparo saliera afectado.
De todo ese sector de la burguesía media que recibió una
embestida en su fuente de lucro educativo, fue Acuña quien salió mejor parado,
la cantidad de sus curules en el Congreso y la extensa presencia que tiene
Alianza Para el Progreso (APP) en las distintas regiones del país (actualmente
con 4 gobiernos regionales y 232 municipalidades distritales) le permitió
negociar con el Ejecutivo para que sus universidades resultaran licenciadas. De
hecho, resultó beneficiado de la disminución de la oferta educativa pues la
demanda hacia sus universidades se incrementó.
Otros elementos de ese sector burgués han tratado de
seguirle los pasos, sin presentar aún los mismos resultados (Luna Gálvez).
Pero, aunque el licenciamiento trucho de la SUNEDU le haya beneficiado, Acuña
sigue desconfiando de esta institución, sabe que la maneja la burguesía
financiera con sus “tecnócratas” y representantes políticos (Partido Morado, y
antes los PPKausas). Su principal arma para evitar ser desplazado de lo que se
ha vuelto un mercado educativo es el capital político que ofrece a quien gana
el ejecutivo, sin embargo, el capital político es más inestable que el capital
económico. Por ello, la necesidad de Acuña de avanzar en otro rubro que le dé
más seguridad, el del sector bancario, mismo en el que según el libro de Acosta
ya ha tenido tres intentos de ingresar.
Integrar la burguesía financiera le traería enormes
ventajas, no solo porque son quienes tienen la hegemonía en la mayoría de los
sectores de la economía y la política, sino porque la principal ventaja de esa
facción burguesa es su ligazón con el capital internacional. La burguesía media
a la que pertenece Acuña no ha incursionado en rubros muy distintos a los de la
burguesía financiera en la economía peruana, tampoco ha variado en demasía a
las formas de disputarse el manejo del Estado a través de los lobbies. La
hegemonía de esta no se encuentra por la cantidad de millones sino por los
nexos con los organismos internacionales y su asociación con el capital
extranjero que le permite maniobrar de mejor forma. Son sus nexos con
organismos como la Unesco lo que le permite ampararse en ser los más capacitados
para manejar el Estado y la educación (privada y sin democracia), es esa
asociabilidad con los grandes capitales externos lo que le permite tener el
manejo sobre los Organismos No Gubernamentales (ONGs) que puedan comprarse a un
sector de la pequeña burguesía para formar operadores políticos que en
universidades como la Católica (principalmente), y en menor medida ahora, la
Universidad Callao, sean los designados “tecnócratas” para manejar
instituciones como la SUNEDU.
Por su puesto que Acosta no llega a ver eso, es otra la
interpretación de sus datos, y que ahora deberá luchar por probarlos. Pero a la
par su denunciante también seguirá en otra lucha para entrar en ese rubro de la
burguesía en que el mucho antes que, en la educación, se consolidó el capital
oligopólico, la banca. De igual forma, sin importar de qué lado de la burguesía
esté y cómo sobrevivirá a la concentración del capital, sabemos que siempre
estará en un lado opuesto al nuestro. Al de los estudiantes y trabajadores que
día a día luchamos para acceder universalmente a una educación pública,
gratuita, nacional, científica y democrática.
Notas:
1. Prefiero usar el término Burguesía Media que el de
Burguesía Burocrática pues a mi parecer dicha categoría no aplica para
desentrañar el carácter y el desenvolvimiento que ha tenido ese sector de la
burguesía en las últimas décadas. Ni por el rubro que cada sector desempeña en
la economía ni por la relación que tienen con el Estado hace que uno de los
sectores burgueses perciba el nombre de Burocrático. Incluso si nos remontamos
a los años 80 donde Abimael Guzmán hizo conocida la dicotomía entre burguesía
financiera y burguesía burocrática; la burguesía financiera nunca dejó de tener
el control directo de las principales empresas del Estado desde el Velasquismo.
