Estimados compañeros de los partidos y organizaciones presentes, les extiendo un saludo fraterno.1
I
Nuestra región ha tomado parte en el escenario de crisis
internacional del capitalismo. Los últimos años, el descontento y movilización
popular fueron agudos dentro del contexto nacional de cada país al ritmo de las
políticas antipopulares y cambio de turnos entre gobiernos neoliberales y
reformistas, como parte de las disputas interburguesas locales que buscan
acomodarse a uno u otro campo imperialista, y donde no han faltado las
tendencias al fascismo y al izquierdismo como formas de apaciguar el descontento
y retrasar salidas revolucionarias, tanto usando la demagogia como usando la
represión, tanto aplicando arbitrariamente políticas públicas, como
profundizando las políticas que benefician a las burguesías locales y el
imperialismo.
El año 2019 marcó un punto álgido. El 2020, marcado por la
pandemia, implicó un reflujo, y el 2021 y 2022 están implicando un
reavivamiento progresivo que aunque no toca los niveles del 2019, es algo
inevitable frente a los sucesos en el mundo. Por una parte, los conflictos imperialistas
entre Estados Unidos y Europa frente al bloque Ruso y Chino; y por otra, un
nuevo ascenso de gobiernos reformistas que llegan como golpes a la derecha
debido a las aspiraciones populares, pero que no demuestran representar salidas
reales a la crisis ni a las demandas de los trabajadores y pueblos, y que solo
van a implicar un punto de tope en el que la única vía frente al retorno de
gobiernos de derecha, es el fortalecimiento de la organización y movilización
popular. Las fuerzas revolucionarias deben prepararse para cuándo los campos
imperialistas le pidan rendir cuentas y tomar postura a los gobiernos de turno
en nuestra región, ya que, aunque aún no
se sienta fuertemente el impacto de los conflictos imperialistas, ya llegará el
momento en que la dependencia a Estados Unidos y China aflore. Debemos tomar
las lecciones dejadas por el golpe fascista de Chile en 1973 y la Operación
Cóndor, procesos que no solo inauguraron los experimentos neoliberales sino que
también afianzaron la influencia norteamericana en su disputa con el
social-imperialismo soviético.
II
El panorama actual, en el que vivimos y participamos, donde
las políticas de presión y carga de la crisis capitalista sobre los hombros de
los trabajadores y pueblos, se presenta como una gran oportunidad, dado el
constante desarrollo de las condiciones materiales e ideológicas; puesto que no
existe una tolerancia infinita a cargar con la crisis, a las salidas
reformistas, ni a tolerar regímenes neoliberales ni de tintes fascistas; ahí la
labor de los revolucionarios y luchadores populares en persistir y reforzar el
trabajo en el ámbito ideológico y social, en demostrar que la teoría
revolucionaria tiene vitalidad y actualidad, que es útil, que impacta y
fortalece todos los ámbitos de nuestras vidas; a mejorar la labor en el aspecto
orgánico y de movilización, defendiendo la práctica del centralismo
democrático, la disciplina consciente, la crítica y la autocrítica, la
vigilancia revolucionaria y la moral revolucionaria como medios de enfrentar
los vicios y males de la cultura capitalista, el revisionismo, el sectarismo,
el anarquismo y el oportunismo; que constantemente nos acechan no solo en la
vida cotidiana sino en la vida militante.
Es de amplio conocimiento que la cultura dentro del capitalismo,
no requiere de una población altamente culturizada ni que cuente con la
educación y conciencia necesaria sobre ciencia, humanidades, salud, deporte,
derechos, costumbres sanas, etc. sino que está enfocada en la funcionalidad a
su modo de producción, imponiendo la vida sedentaria, el culto al exceso de
grasas, azúcares y sales, el alcoholismo, la promiscuidad, la acumulación de
productos, entre otros, que encajan perfectamente con el tipo de persona,
profesionales y trabajadores que requiere; que funcionen y desahoguen el estrés
de modos no dañinos al sistema sino beneficiosos, incluyendo a las cadenas
farmacéuticas y clínicas privadas, beneficiadas por las elevadas tasas de
obesidad, diabetes, depresión clínica, estrés clínico, etc.
Caso distinto a la cultura socialista en la Unión Soviética
donde las campañas por la superación de estos vicios y la promoción de una
cultura saludable fueran parte activa del nuevo tipo de ciudadano perfilado a
construir el socialismo, alimentado adecuadamente, practicante de alguna
actividad deportiva, caso del Sambo, sistema marcial creado frente a la
necesidad del Ejército Rojo de contar con un sistema de defensa sin armas; y de
costumbres y relaciones sanas, casos donde resaltó la labor de Alexandra
Kollontai, Inessa Armand y la Jenotdel en el trabajo femenino, familiar e
infantil, criticando el tipo de familia burguesa, el amor romántico y
promoviendo nuevos tipos de relaciones, muy adelantado a las concepciones de
entonces de las feministas burguesas, y que la psicología contemporánea viene
confirmando como formas más sanas de interacción; todos frutos de las
principales políticas revolucionarias: la educación, la salud universal, la
industrialización. Donde fue tan efectiva la planificación socialista levantada
antes y posterior a la Segunda Guerra Mundial, que en 1959, se controló un
brote epidémico de viruela en Moscú en solo cuestión de semanas, siguiendo los
protocolos de aislamiento de posibles infectados y con la vacunación de
millones de personas en la región, dado el entendimiento de la salud como una
responsabilidad colectiva, no solo individual.
Fueron tales las diferencias sobre la visión de cultura para
su época, en comparación con los países capitalistas, y como aún lo son hoy,
que demostraron que estas concepciones y costumbres que nos acechan
constantemente, representan un lastre que repercute en la condición física, la
salud física, los hábitos alimenticios, la salud mental, las relaciones
interpersonales y por ende, el fortalecimiento e influencia del movimiento
revolucionario, debe trabajar en sus habilidades y capacidades, fortaleciendo
la labor formativa y persiguiendo el tipo de sujeto socialista.
Participamos no solo en la construcción de cuadros
revolucionarios, partido y frentes, sino en la construcción de sujetos
revolucionarios, y en dicha labor, el partido muestra el camino, y uno hace el
ejercicio.
III
Las luchas en América Latina, desde México y el Caribe hasta
Chile y Argentina han compartido criterios que han trascendido el viraje hacia gobiernos
socialdemócratas como freno a gobiernos neoliberales y demandas de carácter
laboral, productivas, antiimperialistas y ambientales; sino que han vinculado
las demandas de las mujeres y la comunidad sexual por derechos sexuales,
reconocimiento y educación sexual con una fuerza visible. Este fenómeno, ha
implicado que un sector de la juventud, con aspiraciones progresistas, sea
influenciado por el discurso de las teorías posmodernas, las cuáles predicaban
desde los últimos años de la Unión Soviética, la superación de la lucha de
clases, la liberación sexual y de la mujer en un amplio sentido liberal y
burgués, la equiparación de todas las formas de opresión y el fraccionamiento
del movimiento popular, discurso, por cierto, asimilado y reproducido por los
partidos revisionistas. Corrientes que han continuado su desarrollo, haciéndose
visibles en los últimos años como parte de las fuerzas que empujaron la justa
de lucha de las mujeres por aborto y educación sexual en México y Argentina
particularmente, pero también en Perú y demás países de la región en menor
medida.
Las consecuencias que vienen trayendo estas concepciones en
nuestra región han venido provocando que se crea en la existencia de una lucha
diferenciada de las mujeres y la comunidad sexual de las luchas del
proletariado, que se crea en un activismo individual ambiental (transgresión
individual), al margen de atacar al modo de producción capitalista como su
causa fundamental, o de superponer una lucha identitaria por parte del
movimiento indígena a la defensa de sus tierras, el desarrollo de la producción
agropecuaria y su vínculo con el proletariado, dando muestras prácticas de tipo
anarquista e infantil en las calles y en los debates públicos; arribando solo a
la búsqueda de reformas socioculturales dentro del capitalismo, que no pueden
generalizarse si no vienen de la mano de la orientación práctica e ideológica
del proletariado y la superación revolucionaria del capitalismo. Este panorama
representa para los revolucionarios, una importante labor ideológica y orgánica
que implica orientar y vincular adecuadamente la lucha de estos sectores a las
del proletariado, desterrando del campo ideológico los sesgos idealistas del
posmodernismo, puesto que, al final, los trabajadores son un solo conjunto, al
margen de su sexo, nacionalidad, fe, origen étnico u orientación sexual, como
demuestra la lucha de clases; y los progresos en los demás aspectos de su vida
solo se pueden consolidar cuando primero este conquiste el poder político e
imponga su ideología y necesidades sociales como dominantes.
Como dijo Enver Hoxha: "El contenido objetivo de todas
las "teorías" que niegan la necesidad del papel dirigente de la clase
obrera y su partido es de hecho la negación de la revolución, del socialismo y
del marxismo-leninismo" (Marxismo-leninismo, doctrina siempre joven y
científica).
Definitivamente, estas demandas y diferentes características
actuales de nuestro siglo a nivel informático y científico se muestran como
síntomas de una inevitable superación revolucionaria del capitalismo, nuestra
labor es conquistar la conciencia y espíritu de las masas mediante la razón y
el ejemplo práctico de la vida revolucionaria.
Y este proceso se desarrolla desenmascarando también a los
gobiernos reformistas, que con diferentes figuras, Lopez Obrador, Castillo,
Boric, Petro, Arce, etc. o se han apoyado en burocracias sindicales o le han
dado la espalda total a los sindicatos y comunidades más combativas,
reafirmando sus bases en las Fuerzas Armadas, partidos oportunistas y la
conciliación con la derecha y las burguesías locales, así como el sometimiento
a las políticas imperialistas.
Desde la juventud, consideramos que todo esto constituye el
sentido revolucionario de las luchas en nuestra región, y es motivo de un
trabajo práctico y comunicativo que dispute y posicione la influencia pública
de las ideas revolucionarias entre las masas de trabajadores, jóvenes y
sectores populares según sus propias características y a través de los medios
contemporáneos que nos ofrece el capitalismo en nuestra generación, enfatizando
tanto en los medios digitales como la propaganda física. La época actual nos
presenta condiciones y medios favorables, está en la persistencia conseguir un
espacio que despierte el temor de las fuerzas reaccionarias de perder parte de
su dominio mediático y el modo de vida capitalista, siempre por delante, con la
firmeza y vitalidad de la ideología proletaria.
"La juventud no es la esperanza del mañana, es la
acción de hoy, o no es nada" José Carlos Mariátegui.
¡Que viva la unidad y lucha de los trabajadores y los pueblos por su liberación nacional y social!
Notas:
1. Ponencia
presentada por la Unión de la Juventud Estudiantil del Perú en el Seminario
Internacional Problemas de la Revolución en América Latina (SIPRAL) en la
ciudad de Quito el 19 de agosto del 2022.
