La reciente coyuntura de alteración del orden constitucional sumado a la creciente represión político-social de parte del gobierno instalado el siete de diciembre del año pasado, ha hecho que se tenga que utilizar el término Dictadura para denominar al gobierno usurpador de Dina Boluarte. Las continuas violaciones a los derechos humanos que han dejado cerca de setenta muertos (casi la mitad provenientes de las masacres en Ayacucho y Puno), los miles de heridos, la declaración de estados de emergencia en zonas donde se desarrollan protestas, las detenciones arbitrarias, el amedrentamiento a la prensa alternativa y hasta a las brigadas de salud, el control de la labor periodística, entre otros casos; hacen que el uso del término resulte totalmente justificado.
Sin embargo, este término es aún resistido por los
intelectuales liberales y politólogos burgueses que apegados a su ciencia
positivista prefieren usar términos más timoratos como gobierno autoritario, no
democrático o régimen híbrido. Se escudan como siempre en la exactitud del
término, puesto que si aún existe división de poderes que se rige por la
Constitución donde cada poder toma decisiones (decretos, leyes, ordenanzas) sin
subordinarse al otro, entonces no se puede hablar todavía de dictadura.
Para los liberales la dictadura es un régimen casi
unipersonal donde el poder es concentrado por una sola institución (militar o
partidaria) que subordina a las demás dictando sus decisiones sin
cuestionamientos, en especial, en materia de sucesión. Los otros regímenes que
no se ajustan a estos requisitos, pero tampoco al de la democracia liberal
(disfrutada tanto por liberales como por socialdemócratas), reciben diversos
términos que van desde régimen autoritario hasta autoritarismo competitivo. Ya
que se entiende que estos regímenes si bien no ofrecen todas las libertades y
garantías de la democracia liberal, sí permiten actuar con cierta autonomía a
la oposición que se debe comportar con una crítica mesurada y competir por el
gobierno en total desventaja.
Estas definiciones que realizan los liberales obedecen a que
sus análisis se desprenden únicamente de la superestructura política (a la que
llaman sistema político) y que omiten totalmente la lucha de clases que existe
en la sociedad. Esta última, la invalidan diciendo que no se ajusta a la
realidad puesto que es dicotómica (burguesía vs proletariado) e imprecisa.
Develando el mecanicismo y esquematismo que tienen para comprender el
materialismo histórico.
Según el materialismo histórico la dominación de una clase
social sobre otra no se ha logrado y mantenido sin una dictadura de clase; esto
quiere decir, sin el uso de medios violentos y coercitivos por parte de la
clase dominante que posee los medios de producción para mantener la condición
de explotación de la clase dominada. La forma en cómo se organiza la clase
poseedora ha variado de acuerdo al tiempo y lugar; y más aún, cuando hay un
cambio de estadio de la sociedad (esclavismo, feudalismo, capitalismo). Así,
por ejemplo, la democracia de los esclavistas atenienses no era lo mismo que la
aristocracia espartana; sin embargo, ambas configuraciones estatales
significaban una dictadura social y política de parte de los esclavistas ante
los esclavos de la antigua Grecia (Ponce, 1937. p. 25). De otra forma, la
antigua República romana con su Senado no era lo mismo que la Monarquía inglesa
del siglo XIII con su parlamento de nobles. El primer caso era la democracia
para los esclavistas romanos y una dictadura para los esclavos de la cuenca del
Mediterráneo; mientras el segundo, una democracia para señores feudales
ingleses y una dictadura para sus siervos. Lenin en su informe sobre La Democracia
Burguesa y la Dictadura del Proletariado en 1919 afirmaba:
La historia enseña que ninguna clase oprimida ha llegado ni podría llegar a dominar sin un período de dictadura, es decir, sin conquistar el poder político y aplastar por la fuerza la resistencia más desesperada, más rabiosa, esa resistencia que no se detiene ante ningún crimen, que siempre han opuesto los explotadores. (Lenin, 1919).
En un mismo estadio de la sociedad han existido distintos
tipos de régimen o configuraciones estatales de parte de las clases poseedoras
para mantener su dominio sobre las clases desposeídas, esto se da porque tanto
en la una como en la otra nunca ha existido dentro una homogeneización. Entre
los esclavistas de la antigüedad había distintos roles, unos se dedicaban más
al comercio y otros a la tierra. El consenso o la supremacía de una de estas
subclases iba a terminar configurando un tipo de régimen distinto (Atenas,
Esparta, Roma) sin que deje de ser opresiva para las clases desposeídas de los
medios de producción. El que el régimen se torne más o menos opresivo contra la
clase dominada dependerá más del nivel organizativo de esta, pues si este nivel
es más elevado agudizará la lucha de clases.
(…) que en las repúblicas más democráticas imperan de hecho el terror y la dictadura de la burguesía, que se manifiestan abiertamente en cuanto a los explotadores les parece que el poder del capital se tambalea. (Lenin, 1919).
Esta afirmación no solo se basa en el terror que la clase
dominante realiza contra la tradicional clase dominada de su sistema de
producción, sino también, en el terror que ejecuta previamente contra la clase
que ha derrocado para dejar atrás su anterior condición de subordinación.
"La burguesía, cuando era revolucionaria, ni en la Inglaterra de 1649 ni en la Francia de 1793 dio "libertad de reunión" a los monárquicos y los nobles, que llamaban en su ayuda a tropas extranjeras y "se reunían" para organizar intentonas de restauración. Si la burguesía actual, que hace ya mucho que es reaccionaria, exige del proletariado que éste le garantice de antemano la "libertad de reunión para los explotadores, sea cual fuere la resistencia que presten los capitalistas a su expropiación, los obreros no podrán sino reírse del fariseísmo de la burguesía". (Lenin, 1919).
Ya ubicándonos en el capitalismo, es conocido el caso donde
el II Imperio alemán (1870-1918) a pesar de ser considerado una monarquía más
autocrática donde el Parlamento tenía menos poder que el Kaiser y los
militares, ofrecía mejor bienestar social al proletariado que las democracias
liberales de su tiempo: Francia y Gran Bretaña1. Al punto que llegaron a
decantar a gran parte de la socialdemocracia alemana. La Primera Guerra Mundial
trajo abajo ese régimen, y con ello, la concentración de poder que los Junker y
los grandes industriales habían logrado a través del ejecutivo y el ejército.
Sin embargo, la democracia liberal de Weimar dirigida por los socialdemócratas
fue incapaz de cubrir ese vacío de poder.
¿Por qué entonces la burguesía prefiere a la democracia
liberal? ¿Qué la hace tan defendible por los intelectuales liberales y
socialdemócratas? Mariátegui entre sus ensayos de Figuras y Aspectos de la Vida
Mundial menciona que la democracia liberal es el régimen predilecto de la
burguesía porque su composición permite la representación y disputa de los distintos
sectores que la componen.
"El momento, por otra parte, es de temporal estabilización capitalista, que es como decir de estabilización democrática. Porque la burguesía puede haber empleado el golpe de estado fascista para conseguir o afianzar su estabilización; pero sólo en los países donde la democracia no era muy extensa ni muy efectiva. En Inglaterra, en Alemania, en Francia, el capitalismo se ha defendido dentro de la democracia, aunque se haya valido a ratos de leyes de excepción contra sus adversarios. La burguesía no es precisa o estrictamente el capitalismo; pero el capitalismo si es, forzosamente, la democracia burguesa! (Mariátegui, 1928. p. 219).
En la democracia liberal, tan sólo en el parlamento burgués
podemos encontrar disputando a la burguesía industrial intermediaria,
comercial, financiera o agraria. Cada una defendiendo sus propios intereses. E
incluso también permite que los distintos poderes del Estado por su carácter
autónomo puedan ser cooptados cada uno por algún sector burgués para la mejor
defensa de sus intereses específicos. Lo económico, como nunca, prima sobre lo
político. Además, también concibe una mejor canalización de las demandas de la
clase trabajadora mediante una participación minoritaria e insignificante en el
parlamento que es utilizada principalmente para fortalecer la correlación de un
determinado sector burgués.
"Diferida la amenaza revolucionaria, la burguesía y la pequeña burguesía reconsideran una parte de sus quejas contra la democracia y el parlamento. Se avienen a un régimen de escasa mayoría, de composición aleatoria, de complicado equilibrio. Francia, dentro de esta situación europea, no puede decidirse por una fórmula categóricamente derechista. El tono de su política tiene que seguir siendo poincarista por algún tiempo" (Mariátegui, 1930. p. 185).
En cambio, según el mismo Mariátegui (1928), la dictadura
tal como la conciben los liberales, significaría la concentración del poder por
parte de alguno de estos sectores de la burguesía. Ante el cual los demás se
tendrían que subordinar. Lo político podría subordinar temporalmente a lo
económico, haciéndolo también peligrar. La instalación del fascismo en Alemania
e Italia, por ejemplo, significó la preponderancia de la burguesía industrial
que impulsó la organización masiva de la pequeña burguesía para enfrentarla
contra el proletariado. Proyecto exitoso que hizo que la burguesía financiera
terminara aceptando su poder sin prever el desastre que ocurriría.
En Latinoamérica por su particular atraso, las consideradas
dictaduras tradicionales han sido principalmente las militares. Pero de acuerdo
a la etapa social estas han correspondido a la prevalencia de una clase o
subclase social en el poder. Las dictaduras militares de comienzos del siglo XX
fueron impulsadas principalmente por la aristocracia feudal ante el peligro que
ocurran estallidos como los de Rusia (socialista-obrero) y México
(liberal-burgués). Las dictaduras del 60 fueron impulsadas por la burguesía
industrial (intermediaria) y financiera para cumplir las recetas de la Alianza
Para el Progreso (EE.UU.) que con el fin de evitar otra Cuba buscaban dejar
atrás todas las taras feudales. Tarea que mediante la democracia liberal no se
lograba concretar por los bloqueos que la oligarquía feudal imponía desde el
parlamento, como fue el caso peruano (Cotler, 2005. pp. 292-293).
Las dictaduras del Plan Cóndor en cambio son la total
predominancia del capital financiero que una vez logrado consolidar su poder de
clase hegemónica ante los otros sectores burgueses y demás clases de la
sociedad, pudo otorgar el pase, vía transacción, a la democracia liberal en una
sociedad latinoamericana capitalista atrasada donde el poder de esta clase no
se viera amenazado. De hecho, fue en esas experiencias represivas y de
liberalización económica donde también se empezó a popularizar el término
dictadura cívico-militar o autoritarismo cívico-militar. Por los gobiernos de
Bordaberry en Uruguay (1972-1976) y Fujimori (1990-2000) en Perú. Ambos
gobiernos civiles colocados mediante elecciones, pero que alteraron la división
de poderes y se terminaron sosteniendo en el poder de las Fuerzas Armadas.
Sin embargo, es también en la región donde las democracias
liberales sin alterar el orden constitucional usaron la represión
indiscriminada peor que cualquier dictadura militar o régimen autoritario en un
contexto de agudización de la lucha de clases. Los casos más resaltantes son la
Argentina de Isabel Martínez de Perón (1973-1976) donde el gobierno para
sobrevivir se sirvió de la represión de las FF.AA. y los grupos paramilitares de
la Alianza Anticomunista Argentina (AAA)2. Desde la segunda mitad del siglo XX
hasta el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (salvo la dictadura militar explicita
del general Rojas Pinilla) la República colombiana vivió una época donde el
orden constitucional no fue casi alterado, pero ello no evitó que el régimen se
mantuviera en la mayor parte del territorio bajo los estados de excepción
(sitio y emergencia) donde la violencia militar y la de los grupos
paramilitares, cobijados por los primeros, desataron la represión más brutal
ante las clases dominadas bajo el pretexto de combatir a la guerrilla3.
El México gobernado por el Partido Revolucionario
Institucional (PRI) es un tema polémico para muchos intelectuales burgueses.
Mientras que para algunos fue un claro ejemplo de estado árbitro y de derecho
americano, para otros constituye el más claro ejemplo del autoritarismo
competitivo donde un partido hegemónico se atornilla en el poder por más 70
años (1929-2000) e impone una “dictadura perfecta”. Lo cierto es que la burguesía que salió
triunfante de Revolución de 1910 consolidó su dictadura política-económica
valiéndose de la represión indiscriminada en periodos de alta crispación
social, tanto a las clases reaccionarias que había derrocado (Guerras cristeras),
como a las nuevas clases revolucionarias que aspiraban a derrocarla durante
gobiernos como los de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echevarría Álvarez
(1970-1976) y Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)4.
En Perú también los dos gobiernos de Alan García 1985-1990 y
2006-2011 no presentaron alteración del orden constitucional, pero se
caracterizaron por la represión militar-policial y de grupos paramilitares
contra sindicatos, comunidades campesinas e indígenas con el pretexto de frenar
la subversión en el primero y la conflictividad en el segundo. Y eso si no
contamos al segundo gobierno de Fernando Belaúnde (1980-1985), paradigma de la
democracia liberal-burguesa donde fue más elevada la cifra de víctimas durante
el Conflicto Armado Interno (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2003).
A estas fallas del sistema democrático-burgués los
politólogos liberales le han llamado “democracia de baja calidad” ya que no
cuentan con las adecuadas instituciones para garantizar plenamente el respeto a
los derechos humanos y canalizar correctamente las demandas de los gobernados.
Se resisten a admitir que la democracia liberal sigue siendo una dictadura
tanto política y económica de la burguesía contra la clase trabajadora. Y que
el sentido democrático que tiene es que permite a los distintos sectores de la
burguesía o clase dominante competir por el poder sin el uso de las armas
(elecciones, debates parlamentarios, pugna de poderes autónomos), pero en las
ocasiones que se ha visto amenazada por la concientización de la clase dominada
recurre indiscriminadamente a la violencia represiva para defender los
intereses de clase de los distintos sectores que la componen. Solo cuando la
democracia liberal se ha embrollado en sus disputas parlamentarias y
competición entre poderes autónomos que no le permiten disminuir la
conflictividad o combate que presentan las clases oprimidas frente a sus
proyectos económicos, recurre entonces a la dictadura política más explícita
donde es un solo sector burgués quien subordina a los demás y dirige la
represión a las clases dominadas.
Por tal, podemos concluir primero que un régimen más
autoritario o más democrático en el capitalismo no deja de significar una
dictadura política-económica de la clase dominante sobre la clase dominada. La
democracia liberal si bien permite la expresión política de las distintas
clases sociales de la sociedad, hace principalmente que se visibilice, compita
y prevalezca la de los sectores o subclases que componen la burguesía. La
dictadura o autoritarismo, como fenómeno exclusivamente político que comprenden
los liberales, es la concentración del poder político de un determinado sector
burgués. El que ambos regímenes se tornen más o menos represivos dependerá de
lo apeligrados que se sientan ante la lucha y organización de la clase
dominada.
Segundo, si la burguesía en el capitalismo opta por
sacrificar la democracia liberal y elegir un régimen considerado no
democrático. Es porque la democracia liberal no muestra la capacidad para
contener la agudización de la lucha de clases. En el Perú desde el 2016 las
disputas interburguesas entre la gran burguesía financiera y la burguesía media
se hicieron cada vez más frecuentes y elevadas al punto que fueron consideradas
crisis políticas. Esto empeoró la situación del régimen para afrontar un
contexto como la pandemia y conllevó a que la clase trabajadora elevara su
conciencia política (Asamblea Constituyente) y buscara alternativas electorales
distintas a las que tradicionalmente le ofrecían ambos sectores burgueses.
Tercero, el gobierno de Dina Baluarte es una dictadura tanto
política como económica principalmente de la gran burguesía financiera que
alentada por el respaldo norteamericano espera destrabar los proyectos
minero-energéticos que necesita el imperialismo en este escenario de disputa
internacional con China y Rusia. Ha sido la respuesta violenta ante el peligro
que avancen las reivindicaciones de la clase trabajadora expresadas tibiamente
por un gobierno pequeño burgués como era el de Pedro Castillo: Constituyente,
extensión de la sindicalización, no renovación de varios contratos ley. Y el sometimiento en forma de respaldo por
parte de la burguesía media con el fin de que se le libre de estos peligros y
se le vuelva a dar más espacios en sectores económicos ya concentrados por la
burguesía financiera, como es el caso de la educación superior (Sunedu). De esa
forma los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo, Judicial), las
principales instituciones estatales autónomas (Municipalidad de Lima, Ministerio
Público, Sunedu) y los poderes fácticos de los distintos sectores burgueses
(Medios de comunicación tradicionales, Clero católico y evangélico, partidos
políticos de centro y de derecha) confluyen en respaldar y alentar la violencia
represiva de la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y los grupos de choque de
la ultraderecha.
Cuarto, ante este recrudecimiento de la violencia represiva
de la dictadura política-económica de la gran burguesía financiera, la clase
trabajadora sólo puede responder con organización. Sí la dispersión en el campo
popular no ha logrado que la lucha militar aún tenga éxitos, esta debe ser
continuada por la lucha ideológica-cultural que eleve la consciencia de las
masas para constituirse en alternativa de cambio político, gane más aliados
dentro de la pequeña burguesía para evitar su seducción por el fascismo y
aproveche las fisuras entre los sectores burgueses. Una correcta centralización
de la organización popular dentro de un periodo de acumulación de fuerzas
logrará que en la próxima crisis de las alturas los rascacielos del poder
burgués caigan ante la formación ordenada del proletariado. Y así estaremos más
cerca que este imponga su dictadura de clase ante la burguesía, que a su vez
será la democracia proletaria.
Lo que tiene de común la dictadura del proletariado con la dictadura de las otras clases es que está motivada, como toda otra dictadura, por la necesidad de aplastar por la fuerza la resistencia de la clase que pierde la dominación política. La diferencia radical entre la dictadura del proletariado y la dictadura de las otras clases --la dictadura de los terratenientes en la Edad Medía, la dictadura de la burguesía en todos los países capitalistas civilizados-- consiste en que la dictadura de los terratenientes y la burguesía ha sido el aplastamiento por la violencia de la resistencia ofrecida por la inmensa mayoría de la población, concretamente por los trabajadores. La dictadura del proletariado, por el contrario, es el aplastamiento por la violencia de la resistencia que ofrecen los explotadores, es decir, la minoría ínfima de la población, los terratenientes y los capitalistas. (Lenin, 1919).
Quinto, la presente coyuntura muestra la ruina de la Ciencia
Política actual para interpretar la realidad. Sus limitaciones para analizar la
lucha de clases son producidas porque está imbuida de liberalismo que a su vez
la lleva a ser ahistórica. Sin embargo, en esta ocasión ni siquiera ha sido
fiel a sus principios para al menos llamar oficialmente al presente fenómeno
bajo sus propios términos y han olvidado su compromiso con la democracia a la
que en cada Congreso universitario juran fortalecer (parasitar). A la
desproporcionada violencia militar-policial también se ha hecho cada vez más
presente la injerencia de las FFAA en la conducción del régimen al punto que
sus generalillos se sienten totalmente impunes para dar discursos políticos
amenazantes. Pero nada de ello ha bastado para catalogar al régimen como
cívico-militar. Salvo algunos intelectuales más progresistas (ninguno del
escenario mediático nacional) que lo han llamado autoritarismo cívico-militar,
no dictadura5. Otros aún, han hecho gala de su práctica terruqueadora al sentir
la nostalgia que el actual régimen les provoca del fujimorato. Y seguramente,
cuando esta coyuntura acabe harán un balance diciendo que la democracia peruana
es de baja calidad al no poder controlar la conflictividad. Pero no se dan
cuenta que la única calidad que será medida es la utilidad de la Ciencia
Política para defender a la clase dominante u orientar a la clase dominada. En
ambas mediciones predecimos que el resultado será negativo.
Referencias bibliográficas:
1. Bermúdez, A. (7 de diciembre del 2022). Qué fue el
Segundo Reich, el Estado imperial y semidemocrático que añoran algunos grupos
ultra en Alemania.
BBC.https://www.bbc.com/mundo/noticias-63978403#:~:text=El%20Segundo%20Reich%20o%20Imperio,contra%20Dinamarca%2C%20Austria%20y%20Francia
2. Sein. S. (2008). Crónicas de Archivo. Operativo
Independencia. https://www.youtube.com/watch?v=iLpKnxF0C2Q
3. Centro Nacional de la Memoria Histórica (2013). Informe
Basta Ya. Capítulo II Los orígenes, las dinámicas y el crecimiento del
conflicto armado.
4. Nos referimos a la cruenta represión contra los
estudiantes en la Plaza de Tlatelolco (1968), la Masacre contra la
manifestación obrera-estudiantil del jueves de Corpus (1971) y la arremetida
reaccionaria contra el levantamiento indígena-campesino del Ejército Zapatista
de Liberación Nacional en Chiapas (1994).
5. Politólogos del Perú Unidos (2023). Pronunciamiento de
los estudiantes, docentes y profesionales de Ciencia Política.
https://web.facebook.com/politologxsdelperu/posts/pfbid0MU1L8nN8Lh3w3eJZE4K5e13nak84BhF7eTvxg3cYcEa9cAo7BHV4ezS53v7PoNSJl
