Es extraño que, tanto medios occidentales como pro rusos, hablan de una posible guerra en Ucrania – de la mano de una invasión rusa a Ucrania – cuando esta guerra ya existe desde el año 2014. Ucrania del este, específicamente la región del Donbás, vive una cruel guerra civil desde que Donestk y se declarasen Repúblicas “populares” independientes. Las incursiones militares y guerrillas en estas autoproclamadas repúblicas ya no son tan activas como en esos años 2014-2015 debido al alto al fuego y a los acuerdos de Minsk. Pero no debemos olvidar las masacres que se cometieron, como la de Odessa, donde grupos fascistas acorralaron a protestantes un 1 de mayo del 2014 en la Casa de los Sindicatos y la incendiaron, provocando más de 40 muertos y cientos de heridos.

Los orígenes de esta guerra en el Donbás los podemos rastrear desde el 2013, en el Euromaidán. Víktor Yanukóvich, ex presidente “pro ruso” de Ucrania es derrocado. Rusia con el objetivo de no perder a Ucrania de su esfera de influencia alentó un referéndum en una Crimea con mayoría ruso parlante – como es también caso del este de Ucrania – y esta pasó a formar parte de la Federación Rusa. Para asegurar el traspaso de poder, los rusos desplegaron pequeñas unidades – aunque oficialmente no lo reconoce – y alentó de la misma forma los levantamientos del Donestk y Lugansk. Está claro que no todas las guerrillas en el este de Ucrania eran pro-rusas o directamente creadas por Rusia; pero ciertamente los rusos supieron finalmente usar esta situación para presionar a Ucrania de no unirse a la Unión Europea o a la OTAN, exigencias de los protestantes del Euromaidán. Un análisis de la legitimidad de la anexión de Crimea por parte de Rusia no está contemplado en el presente artículo; pero me queda claro que esta anexión solo sirvió para mantener a Ucrania bajo la influencia rusa.

Ahora bien ¿Esta estrategia le funcionó a Rusia a largo plazo? La respuesta es sencilla: un claro no; pues de lo contrario, ahora no se especularía de una posible invasión rusa en las estepas ucranianas. Ucrania desde el año 2014 ha invertido más en su ejército y ha mejorado su material militar; y desde luego su actual presidente Volodímir Zelenski – otrora comediante – está lejos de ser pro ruso. Putin ha movilizado más de cien mil soldados a la frontera ucraniana – e incluso posicionado parte de su ejército en Bielorrusia, norte de Ucrania – entre armas y misiles de largo alcance. ¿Qué exige exactamente Putin? Para ello debemos remontarnos aún más en la historia.

En los días finales de la Unión Soviética revisionista, los dirigentes soviéticos con Gorbachov a la cabeza, iban perdiendo a los países ‘aliados’ del Pacto de Varsovia – básicamente Europa oriental – tras la reunificación alemana. Para mantener un equilibrio de poderes, la OTAN promete a esta URSS debilitada no expandirse al este. A pesar de ello, la OTAN desde 1997 ha expandido sus fronteras desde Bulgaria hasta los países Bálticos; pasando por Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, etc.; casi todos países que alguna vez formaron parte del Bloque socialista. En suma, la Rusia de hoy en día se encuentra rodeada por la OTAN, a excepción de Bielorrusia, aliada incondicional de Rusia, y Ucrania – además de los ‘neutrales’ Finlandia y Suecia –. Si Ucrania se uniese la OTAN, el ‘cerco’ estaría completo y Moscú a kilómetros de tiro para Occidente en un eventual ataque nuclear.

Las exigencias rusas que presentó Sergey Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, en su reunión con Antony Blinken, secretario de estado de los EEUU en Ginebra el 21 de enero del 2022 están relacionadas con lo expuesto más arriba: garantizar que Ucrania no ingrese a la OTAN, y que esta última retire toda presencia militar a las fronteras previas de 1997; en otras palabras, eliminar el cerco militar que se cierne sobre Rusia. Una semana después, EEUU responde – como era de esperarse – con una negativa. Ya la OTAN afirmó que es imposible negar el derecho a un país soberano unirse a cualquier alianza militar. El Reino Unido y los EEUU han trasladado armamento hacia Ucrania. Alemania se mantiene más o menos neutral por su dependencia al gas ruso. No puedo dejar señalar la intromisión del imperialismo yanqui ¿Por qué Rusia negociaría con los EEUU en torno a un conflicto europeo? Porque todos los países miembros de la OTAN son estados satélites del imperialismo estadounidense, y la OTAN, es básicamente EEUU. Incluso Alemania, la potencia regional más grande Europa, no puede actuar libremente en relación a sus intereses: es obvio que a los alemanes están dispuestos entregar a Ucrania por el gas ruso. El caso de Hungría es parecido. La reunión entre Vladimir Putin con el primer ministro húngaro, Viktor Órban, el 01 de febrero sobre el gas ruso no es ninguna casualidad.

Y es que Rusia ahora mismo se encuentra presionando a una Europa en pleno invierno por medio del gas. Estos dependen de 1/3 del suministro que les proporcionan los rusos. El 50% del gas para uso doméstico proviene de Rusia en el caso de Alemania. Podríamos pensar que EEUU desea una guerra en Ucrania para cortar de raíz la dependencia de Europa al gas ruso; y así el imperialismo yanqui podría vender su gas a la Unión Europea. Esto por ahora, no es posible. El suministro de gas estadounidense por medio de buques sería ínfimo y mucho más caro que el que suministra actualmente Rusia por medio del famoso ‘Nord Stream 1’.

Tampoco puedo dejar de señalar la versión rusa de esta nueva escalada. Putin ha concentrado el mayor número de tropas nunca antes visto desde la 2da guerra mundial, en la frontera con Ucrania. Pero Rusia oficialmente afirma que la guerra no la buscan ellos ¿Qué sucedería si EEUU y la OTAN se niegan por completo a ceder a cualquier exigencia rusa? La retirada después de tal concentración de tropas sería el ridículo internacional para Vladimir Putin. En estas condiciones, hay altas probabilidades una invasión rusa a Ucrania. El 02 de febrero el diario El País filtró la respuesta de EEUU a Rusia sobre sus exigencias – pues esta era confidencial –, en las cuales propone el desarme y un acuerdo sobre el despliegue de misiles nucleares y soldados en Ucrania. Para los rusos esto solo es dilatar el conflicto. Sin embargo, todo depende ahora de la respuesta rusa o de las negociaciones que pueda llegar Putin con Francia Alemania y Ucrania, quienes aparentemente están abiertas al diálogo; pero insisto, EEUU como imperio no permite mayor marco de acción a los europeos.

Llegados a este punto ¿Qué posición debería tomar el internacionalista? Así como los bolcheviques en el Congreso de Basilea de 1912 se opusieron y denunciaron cualquier guerra de rapiña imperialista, nosotros también debemos adoptar la misma posición ¡No a la guerra imperialista! Esta pugna entre el Imperio ruso y el yanqui solo traerá devastación y males para la clase trabajadora de Ucrania; quien ya se ha visto embestida por la guerra del Donbás y los grupos paramilitares fascistas ultranacionalistas ucranianos como los mercenarios del Batallón Azov. Quizás un romántico de izquierda nos reclame: ‘¡Pero Rusia es un país ‘soberano’ que solo busca detener el avance de la OTAN!’. Preguntamos: ¿Soberanía para qué clase social? Si nos referimos a la soberanía de los oligarcas y burguesía anti comunista rusa coludida con Vladimir Putin para mantener el negocio del gas e influencia política en otros países como si de colonias se tratasen, pues sí, podríamos hablar de ‘soberanía’, o mejor dicho de Imperialismo. Es tanto así que ahora mismo Rusia presiona a los EEUU con aumentar su presencia y bases militares en Cuba o Venezuela, o al menos eso da entender el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López; y la “asociación” o “cooperación” estratégica que Cuba está teniendo actualmente con Rusia en medio de esta tensión. La práctica de colocar bases militares en países neo colonias es bastante común por los EEUU, y es de hecho una práctica imperialista. El imperialismo ruso entonces pretende mantener en su esfera de influencia a Ucrania, asegurar el suministro del gas a Europa – pues este gas transcurre en su mayoría por Ucrania – y confrontar el expansionismo de la OTAN y a los EEUU posicionándose así de nuevo en el escenario internacional – quizás añorando volver tener el poderío soviético, aunque la Rusia del siglo XXI es un mal chiste comparado a la super potencia que fue la URSS – Y para ello parece estar dispuesto a empezar una guerra de rapiña imperialista contra los ucranianos.

En el caso de EEUU, más allá de la anecdótica historia del hijo de presidente Joe Biden, – Hunter Biden –, en Ucrania y su relación con la empresa gasífera Burisma Holdings Limited; realmente EEUU no tendría mayor interés en Ucrania salvo el de beneficiarse del suministro de armas que ahora mismo se encuentra realizando y usar a este país como punta de lanza contra Rusia. Si EEUU no tuviese una política imperialista de supremacía mundial – esto es, evitar el surgimiento de cualquier otro imperio capitalista que podría rivalizar con los EEUU, o incluso el surgimiento de cualquier país que se oponga a su política imperialista – lo más racional hubiese sido entregar Ucrania a los rusos y evitar que Rusia se acerque más a la potencia imperialista que sí podría reemplazar a EEUU como super potencia mundial: China; el cual ya se beneficia del gas ruso por medio del gaseoducto ‘Poder de Siberia’. De todos modos, los países de la OTAN son lacayos del imperialismo estadounidense y no podrían hacer nada si Joe Biden decide sacrificar a Ucrania. Sin embargo, si Rusia finalmente decide ir a la guerra, probablemente Ucrania se preñe de mercenarios y paramilitares serviles al imperialismo yanqui, dispuestos realizar masacres y violaciones a los derechos humanos.

Por último, ni EEUU ni Rusia han mencionado el tema del fascismo en Ucrania. Poco o nada les importa el ascenso de paramilitares fascistas en la región. De esto se desprende que el discurso democrático de Occidente solo es una fachada; y que Rusia no tiene un ápice de socialista hoy en día como sueñan algunos románticos de izquierda. La Unión Soviética se hubiese opuesto al ascenso del fascismo en Ucrania. La clase trabajadora no puede tomar partido por ninguna potencia imperialista y debe denunciar toda guerra de rapiña que estas potencias impulsan.