Los orígenes de esta guerra en el Donbás los podemos
rastrear desde el 2013, en el Euromaidán. Víktor Yanukóvich, ex presidente “pro
ruso” de Ucrania es derrocado. Rusia con el objetivo de no perder a Ucrania de
su esfera de influencia alentó un referéndum en una Crimea con mayoría ruso
parlante – como es también caso del este de Ucrania – y esta pasó a formar
parte de la Federación Rusa. Para asegurar el traspaso de poder, los rusos
desplegaron pequeñas unidades – aunque oficialmente no lo reconoce – y alentó
de la misma forma los levantamientos del Donestk y Lugansk. Está claro que no
todas las guerrillas en el este de Ucrania eran pro-rusas o directamente
creadas por Rusia; pero ciertamente los rusos supieron finalmente usar esta situación
para presionar a Ucrania de no unirse a la Unión Europea o a la OTAN,
exigencias de los protestantes del Euromaidán. Un análisis de la legitimidad de
la anexión de Crimea por parte de Rusia no está contemplado en el presente
artículo; pero me queda claro que esta anexión solo sirvió para mantener a
Ucrania bajo la influencia rusa.
Ahora bien ¿Esta estrategia le funcionó a Rusia a largo
plazo? La respuesta es sencilla: un claro no; pues de lo contrario, ahora no se
especularía de una posible invasión rusa en las estepas ucranianas. Ucrania
desde el año 2014 ha invertido más en su ejército y ha mejorado su material
militar; y desde luego su actual presidente Volodímir Zelenski – otrora
comediante – está lejos de ser pro ruso. Putin ha movilizado más de cien mil
soldados a la frontera ucraniana – e incluso posicionado parte de su ejército
en Bielorrusia, norte de Ucrania – entre armas y misiles de largo alcance. ¿Qué
exige exactamente Putin? Para ello debemos remontarnos aún más en la historia.
En los días finales de la Unión Soviética revisionista, los
dirigentes soviéticos con Gorbachov a la cabeza, iban perdiendo a los países
‘aliados’ del Pacto de Varsovia – básicamente Europa oriental – tras la
reunificación alemana. Para mantener un equilibrio de poderes, la OTAN promete
a esta URSS debilitada no expandirse al este. A pesar de ello, la OTAN desde
1997 ha expandido sus fronteras desde Bulgaria hasta los países Bálticos;
pasando por Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, etc.; casi todos países
que alguna vez formaron parte del Bloque socialista. En suma, la Rusia de hoy
en día se encuentra rodeada por la OTAN, a excepción de Bielorrusia, aliada
incondicional de Rusia, y Ucrania – además de los ‘neutrales’ Finlandia y
Suecia –. Si Ucrania se uniese la OTAN, el ‘cerco’ estaría completo y Moscú a
kilómetros de tiro para Occidente en un eventual ataque nuclear.
Las exigencias rusas que presentó Sergey Lavrov, ministro de
Relaciones Exteriores de Rusia, en su reunión con Antony Blinken, secretario de
estado de los EEUU en Ginebra el 21 de enero del 2022 están relacionadas con lo
expuesto más arriba: garantizar que Ucrania no ingrese a la OTAN, y que esta
última retire toda presencia militar a las fronteras previas de 1997; en otras
palabras, eliminar el cerco militar que se cierne sobre Rusia. Una semana
después, EEUU responde – como era de esperarse – con una negativa. Ya la OTAN
afirmó que es imposible negar el derecho a un país soberano unirse a cualquier
alianza militar. El Reino Unido y los EEUU han trasladado armamento hacia
Ucrania. Alemania se mantiene más o menos neutral por su dependencia al gas
ruso. No puedo dejar señalar la intromisión del imperialismo yanqui ¿Por qué
Rusia negociaría con los EEUU en torno a un conflicto europeo? Porque todos los
países miembros de la OTAN son estados satélites del imperialismo
estadounidense, y la OTAN, es básicamente EEUU. Incluso Alemania, la potencia
regional más grande Europa, no puede actuar libremente en relación a sus
intereses: es obvio que a los alemanes están dispuestos entregar a Ucrania por
el gas ruso. El caso de Hungría es parecido. La reunión entre Vladimir Putin
con el primer ministro húngaro, Viktor Órban, el 01 de febrero sobre el gas
ruso no es ninguna casualidad.
Y es que Rusia ahora mismo se encuentra presionando a una
Europa en pleno invierno por medio del gas. Estos dependen de 1/3 del
suministro que les proporcionan los rusos. El 50% del gas para uso doméstico
proviene de Rusia en el caso de Alemania. Podríamos pensar que EEUU desea una
guerra en Ucrania para cortar de raíz la dependencia de Europa al gas ruso; y
así el imperialismo yanqui podría vender su gas a la Unión Europea. Esto por
ahora, no es posible. El suministro de gas estadounidense por medio de buques
sería ínfimo y mucho más caro que el que suministra actualmente Rusia por medio
del famoso ‘Nord Stream 1’.
Tampoco puedo dejar de señalar la versión rusa de esta nueva
escalada. Putin ha concentrado el mayor número de tropas nunca antes visto
desde la 2da guerra mundial, en la frontera con Ucrania. Pero Rusia
oficialmente afirma que la guerra no la buscan ellos ¿Qué sucedería si EEUU y
la OTAN se niegan por completo a ceder a cualquier exigencia rusa? La retirada
después de tal concentración de tropas sería el ridículo internacional para
Vladimir Putin. En estas condiciones, hay altas probabilidades una invasión
rusa a Ucrania. El 02 de febrero el diario El País filtró la respuesta de EEUU
a Rusia sobre sus exigencias – pues esta era confidencial –, en las cuales propone
el desarme y un acuerdo sobre el despliegue de misiles nucleares y soldados en
Ucrania. Para los rusos esto solo es dilatar el conflicto. Sin embargo, todo
depende ahora de la respuesta rusa o de las negociaciones que pueda llegar
Putin con Francia Alemania y Ucrania, quienes aparentemente están abiertas al
diálogo; pero insisto, EEUU como imperio no permite mayor marco de acción a los
europeos.
Llegados a este punto ¿Qué posición debería tomar el
internacionalista? Así como los bolcheviques en el Congreso de Basilea de 1912
se opusieron y denunciaron cualquier guerra de rapiña imperialista, nosotros
también debemos adoptar la misma posición ¡No a la guerra imperialista! Esta
pugna entre el Imperio ruso y el yanqui solo traerá devastación y males para la
clase trabajadora de Ucrania; quien ya se ha visto embestida por la guerra del
Donbás y los grupos paramilitares fascistas ultranacionalistas ucranianos como
los mercenarios del Batallón Azov. Quizás un romántico de izquierda nos
reclame: ‘¡Pero Rusia es un país ‘soberano’ que solo busca detener el avance de
la OTAN!’. Preguntamos: ¿Soberanía para qué clase social? Si nos referimos a la
soberanía de los oligarcas y burguesía anti comunista rusa coludida con
Vladimir Putin para mantener el negocio del gas e influencia política en otros
países como si de colonias se tratasen, pues sí, podríamos hablar de
‘soberanía’, o mejor dicho de Imperialismo. Es tanto así que ahora mismo Rusia
presiona a los EEUU con aumentar su presencia y bases militares en Cuba o Venezuela,
o al menos eso da entender el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino
López; y la “asociación” o “cooperación” estratégica que Cuba está teniendo
actualmente con Rusia en medio de esta tensión. La práctica de colocar bases
militares en países neo colonias es bastante común por los EEUU, y es de hecho
una práctica imperialista. El imperialismo ruso entonces pretende mantener en
su esfera de influencia a Ucrania, asegurar el suministro del gas a Europa –
pues este gas transcurre en su mayoría por Ucrania – y confrontar el
expansionismo de la OTAN y a los EEUU posicionándose así de nuevo en el
escenario internacional – quizás añorando volver tener el poderío soviético,
aunque la Rusia del siglo XXI es un mal chiste comparado a la super potencia que
fue la URSS – Y para ello parece estar dispuesto a empezar una guerra de rapiña
imperialista contra los ucranianos.
En el caso de EEUU, más allá de la anecdótica historia del
hijo de presidente Joe Biden, – Hunter Biden –, en Ucrania y su relación con la
empresa gasífera Burisma Holdings Limited; realmente EEUU no tendría mayor
interés en Ucrania salvo el de beneficiarse del suministro de armas que ahora
mismo se encuentra realizando y usar a este país como punta de lanza contra
Rusia. Si EEUU no tuviese una política imperialista de supremacía mundial –
esto es, evitar el surgimiento de cualquier otro imperio capitalista que podría
rivalizar con los EEUU, o incluso el surgimiento de cualquier país que se
oponga a su política imperialista – lo más racional hubiese sido entregar
Ucrania a los rusos y evitar que Rusia se acerque más a la potencia
imperialista que sí podría reemplazar a EEUU como super potencia mundial:
China; el cual ya se beneficia del gas ruso por medio del gaseoducto ‘Poder de
Siberia’. De todos modos, los países de la OTAN son lacayos del imperialismo
estadounidense y no podrían hacer nada si Joe Biden decide sacrificar a
Ucrania. Sin embargo, si Rusia finalmente decide ir a la guerra, probablemente
Ucrania se preñe de mercenarios y paramilitares serviles al imperialismo
yanqui, dispuestos realizar masacres y violaciones a los derechos humanos.
Por último, ni EEUU ni Rusia han mencionado el tema del fascismo en Ucrania. Poco o nada les importa el ascenso de paramilitares fascistas en la región. De esto se desprende que el discurso democrático de Occidente solo es una fachada; y que Rusia no tiene un ápice de socialista hoy en día como sueñan algunos románticos de izquierda. La Unión Soviética se hubiese opuesto al ascenso del fascismo en Ucrania. La clase trabajadora no puede tomar partido por ninguna potencia imperialista y debe denunciar toda guerra de rapiña que estas potencias impulsan.

